El despertar de la Diosa

Tú y yo

A lo largo de mi vida fui niña buena, callada, curiosa, risueña, temerosa. Fui adolescente retraída, soñadora, confiada. Fui joven despierta, extrovertida, inquieta. Adulta trabajadora, aprendiz de muchas cosas, viajera del mundo y de mí misma, observadora del ser humano. Me casé. Amé profundamente. Tuve tres hijos. Aprendí mucho y comencé a sanar algunas capas de mi vida. Me divorcié comenzando otra etapa de transformación larga. Nueva forma de trabajar y hacerlo casi sin descanso, nueva forma de vivir la maternidad y a mis hijos, que tanto me han enseñado, nuevas formas de expresarme, de relacionarme con la gente, de vivir mi sexualidad. Como si distintos puntos de luz fueran abriéndose paso a través de mí, y a través de ellos me fuera redescubriendo. Una alquimia que yo elegí y que se sigue produciendo paulatina y profundamente.

Emerge la Sacerdotisa

En esa alquimia y desde hace más de un año me siento atravesando otra fase que despide en parte al arquetipo de madre y se reconoce en el de la sacerdotisa. La mujer que tiene tiempos para gozar el exterior y para retornar al hogar interno, la que ralentiza ritmos, pone límites, la que guarda la sabiduría de ésta y otras vidas. La que elige ser niña, doncella, madre o maga en cada momento. La aceptación de este tránsito que solo está comenzando resulta, a veces, removedor y costoso. Pero la conciencia sabe. Y algo adentro susurra: calma. Quien se adentra, encuentra hermosos regalos.

Porque después de todos los caminos que tomó la niña, la adolescente, la joven, la adulta casada, la madre, la mujer que rompió sus constructos… apareces tú. Una certeza que me resisto a mirar de frente. Pero ahí está. Te tengo delante. Ni tú ni yo nos hemos dado cuenta aún. Nos conocemos desde hace cinco años, pero el momento para ambos es ahora. Mientras nos despedimos aquella tarde de noviembre, tus manos, inconscientemente, han tocado no solo mi cintura, sino mi alma, y me han despertado hasta asombrarme.

En el momento preciso

Me estás mirando a los ojos mientras hablamos de nada importante, me tengo que marchar. Pero todo alrededor se ha difuminado en cuestión de segundos. Escucho tu voz y la mía en sordina porque estoy retrocediendo a mucho, mucho tiempo atrás. Siento fuego en el cuerpo y una sensación muy extraña.  Mientras regreso a mi casa los faros del coche alumbran una oscuridad sin respuestas. No sé qué ha sucedido.

A veces toda la vida te lleva a un instante en el tiempo. Y ese instante te hace reaccionar. Te hace dueña de un después donde el reto es decirle al otro: “¿Qué ha sucedido? Ayúdame a comprenderlo”. Y esperar paciente una respuesta que sí llega, y llega clara: “Por supuesto, vamos a averiguarlo”.

Es entonces cuando vuelves a comprender que la Gracia Divina, el Universo, o la Vida misma actúan en segundos y podemos ser canales de su energía, y esa energía vibra en pares cuando así ha de ser. Esa Energía movió tus manos, que despertaron mi memoria, que activó la tuya. Que trajo un encuentro inesperado, emocionante, apasionado y espiritual. ¿Quién lo hubiera adivinado? El comienzo sorprendente de un nuevo camino de descubrimiento y acompañamiento mutuo.

Tú. Mente abierta y activa, espíritu inquieto y calmo. Guerrero de los avatares de la vida. Ave fénix. Corazón de brazos abiertos que acoge y ama. Tu piel huele a brezo y roble, a cera y miel, a viento y a sol. Huele a hogar en invierno y a arroyo fresco en verano. Pisas firme la tierra pero sabes elevar el alma. Llevas al eterno aprendiz contigo, al niño y al sabio capaz de mirar y ver sin más.  Y todo lo que se revela de ti… me devuelve a mí misma. Al hada que juega, a la niña soñadora, a la joven inquieta, a la mujer valiente, a la maga. 

Me amaste antes de que yo me permitiera amarte. Supiste ver a la diosa en mí, y te mostraste como el hombre divino que eres. La vida nos lo mostró con claridad en el instante preciso: ahora sí, amor. Ahora sí. Ahora hemos llegado a puerto firme con el corazón curtido pero el alma serena. Ahora el acompañamiento mutuo no resta individualidad ni hace sombra.

Tan fuerte y tan dulce. Tan humano y tan divino. Shiva y Shakti. La maravillosa posibilidad de transitar Maithuna. Explorar el tú y el yo para deshacerlos. Conectar con la fuente que no se agota nunca. Bañarme en esa fuente. El bálsamo que todo lo cura. Rodar por tu piel y entrar en un templo sagrado. El cosmos abriendo sus puertas. La danza infinita del cuerpo y el alma.

Las manos tienen memoria. Las manos son medicina y amor en movimiento. Las manos son un canal. Las tuyas recogieron la Gracia de la Diosa que nos bendijo un 2 de noviembre de 2025. Bendita la Luz que nos despertó y conectó nuestras almas. Bendiciones para ti y para mí hoy y siempre, amor.

About Author

Nuria Montero

Profesora de Yoga para adultos y familias, sanadora a través del canto y del sonido, canalizadora de imágenes y mensajes de guías espirituales y Maestra de Reiki Usui Tibetano.

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